Más allá de la etiqueta de superchería, el lenguaje simbólico contenido en las cartas del tarot tiene una gran potencial evocador que lleva cinco siglos intrigando y sorprendiendo a quienes lo estudian o consultan con ánimo serio.
Los orígenes del tarot se pierden en la Europa de fines de la Edad Media. Las imágenes de este juego de 78 naipes, dividido en triunfos o arcanos mayores y arcanos menores —estos últimos emparentados con la baraja española— nacieron en el contexto de lo marginal y fueron prohibidas por la cultura cristiana.
FUENTE: vanguardia.com.mx
Por esta razón, señaló Margarita Hanhausen Ortega, académica del Departamento de Arte de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, la lectura del tarot era considerada una actividad ocultista.
“Pero (las barajas) son muy útiles para suscitar reflexiones en el terreno de la creación del conocimiento”, apuntó.
La catedrática, quien realizó su tesis de maestría sobre la validez de la adquisición de conocimiento a partir de la interpretación del lenguaje simbólico, agregó que lo subjetivo no equivale a lo absurdo y puso a la psicología freudiana como ejemplo, pues ésta toma a la interpretación de los sueños como la base del psicoanálisis clásico.
“El tarot se puede entender como una máquina de imaginar, es decir, un instrumento capaz de suscitar una lectura de sus imágenes simbólicas en varios niveles”, propuso Hanhausen, quien recordó que el primer estudioso de dichos naipes, dentro del espíritu de la Ilustración del siglo 18, fue Antoine Court de Gebelin, un masón versado en lenguas antiguas y modernas, así como en sistemas esotéricos antiguos.
“El tarot seduce e intriga, pues parece haber sido concebido como una forma de condensar los conocimientos sobre el alma humana desde el punto de vista esotérico, ocultos en un conjunto de láminas lo suficientemente ‘inocentes’ como para permitir burlar las persecuciones a que estos temas estaban sometidos. Pero siempre esta explicación suena sospechosamente contemporánea a nosotros”, comentó la experta.
Arte y tarot
El simbolismo de las cartas del tarot y su conexión con la psique humana se volvió un imán para los pintores surrealistas. André Bretón, Salvador Dalí, Alexandro Sui Solar, Remedios Varo y Leonora Carrington fueron seducidos por el código visual propuesto por el tarot y lo llevaron no sólo a su vida personal, también a su obra.
Salvador Dalí fue el único artista que pintó la baraja del tarot, y lo hizo por encargo de su musa y pareja, Gala. En esta obra nombrada “El Tarot Universal”, compuesta de 28 litografías, el español ofreció sus propias imágenes personales.
El tarot realizado por Dalí es la primera relectura artística de los arcanos, desde 1910, y la única baraja pintada por un artista. Este ejercicio pictórico asocia dos fuentes temáticas: el simbolismo propio del tarot y la historia del arte.
Por ejemplo, en la carta del “Colgado” la figura central deriva del cuadro “Joven Entre Rosas” de Nicolás Hilliard. También ese es el caso de “La Emperatriz”, arcano en el que Dalí reinterpreta la escena del cuadro “Grecia Expirando Sobre las Ruinas de Missalonghi” de Delacroix.
En México, Leonora Carrington, mientras devoraba un cráneo de azúcar, le dijo a Jorodowsky: “El amor transforma la muerte en dulzura; el esqueleto del Arcano XIII tiene los huesos de azúcar”.
Entonces Jorodowsky se dio cuenta de que Carrington utilizaba los símbolos del tarot en sus obras. De esta forma el artista chileno se inició en la lectura de esta baraja nacida en el medioevo, convirtiendo su lectura en una constante de su vida.
Según André Bretón el Tarot de Marsella, publicado por Paul Marteau en 1930, es el único que posee la capacidad de intrigar, conmover y nunca otorgar su intrínseco secreto.
Y fue esta capacidad de seducción la que impulsó a Remedios Varo a pintar, en 1957, el óleo “Carta de Tarot”, además de muchas obras en las que se intuye la presencia de los símbolos de los arcanos mayores. Leonora Carrington pintó, en 1965, “La Maja del Tarot”, un doble retrato de María Félix que muestra a la actriz mexicana como reina de la noche y del tarot. Esta obra fue vendida el año pasado en 430 mil dólares por la casa de subastas Christie’s
Libro mágico de las infinitas respuestas
Para la maestra Hanhausen el tarot es una especie de “libro mágico de las infinitas respuestas”, un compendio que permite contestar casi cualquier pregunta.
Y esto, argumentó, fue logrado a través de una figuración sencilla, favoreciendo la combinación de las imágenes como si se tratara de las palabras de una frase y aprovechando la multiplicación de los códigos de lectura que permiten las barajas, al ser leídas al derecho y al revés.
Señaló que el símbolo desata un código visual que apela a la mente inconsciente del lector, y de ahí deviene la libre asociación.
“Qué tan trivial o profunda pueda ser ésta depende del nivel de lectura que se busca y el compromiso que lector y consultante establecen”, advirtió la académica.
“Esto se puede hacer desde la meditación en una sola carta o por medio del uso de una tirada que asocie las imágenes a manera de frase”, añadió.
Es entonces que se pasa de la interpretación formal de la carta a la lectura de un metalenguaje simbólico que se aplica a la respuesta del problema consultado.
De la seriedad y profundidad de los conocimientos del lector y de la apertura del consultante derivará “una lectura superficial o algo verdaderamente esclarecedor”, aseguró.
Aclaró que la percepción profunda que da sentido a una lectura sucede siempre en la mente del consultante, ya que las cartas son solamente un vehículo para un estado en el que sea posible la creación esclarecedora de conocimiento.
El Dato
El tarot es un mazo de 78 cartas, compuesto por 22 láminas o “triunfos” alegóricos (Arcanos Mayores) y 56 cartas o láminas (Arcanos Menores).
Existen varios tipos de tarots, que difieren entre sí por el diseño, realizados por culturas distintas, aunque todos poseen el mismo significado fundamental.
Las barajas más conocidas son las de diseño medieval, conocidas como el Tarot de Marsella.


