Parece mágico pero no lo es. El número siete nos persigue por donde quiera que transitemos.
No sólo es distinto, sino que tiene un privilegio mayor a los otros nueve que forman nuestra numeración.
Tiene cierto halo que lo hace popular, que encanta o subyuga por su historia.
Desde los cazadores centroeuropeos hace treinta mil años, que conocían las fases lunares de siete días, grabados en huesos de reno y mamut (Alex.Marshack), desde los caldeos hace seis mil años que difundieron los siete astros visibles desde la Tierra a simple vista: Sol, Mercurio, Venus, Luna, Marte, Júpiter y Saturno, desde hace cinco mil años los judíos crearon la semana de siete días y los honraron con su candelabro de siete brazos. Desde esos mojones se nos impuso el destino de considerar sensaciones en grupos de siete.
FUENTE: manticas.com
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