Leer el tarot de Marsella: la ciencia de lo circunstancial (II parte)
Una ’patafísica elucubración sobre la ’patafísica del tarot de Marsella
Hasta ahora nos ha sido problemático conciliar los hallazgos históricos verificables con la poética del tarot de Marsella. La iconografía nos dice que la serie de triunfos presenta un mensaje bastante especifico: “solo la virtud triunfa sobre las viscicitudes de la vida”. Si bien este mensaje resalta cuan brillante es el diseño de la serie, y permite un sobrio uso homilético del tarot, también limita las posibilidades de leer cualquier otra cosa en las cartas.
¡El mensaje no deja espacio a excepciones! Contraria a este mensaje iconográfico tenemos a la tradición óptica de origen francés, la cual sugiere que el tarot de Marsella responde a un esquema holográfico, en el cual un ’secreto’ ha sido oculto en la interrelación de los mas diminutos detalles en las cartas. No podemos mas que celebrar dicha tesis como un inconsciente gesto poético. (La naturaleza ‘patafisica de esta afirmación tiene también un carácter inconsciente, puesto que sus autores no ven nada subversivo en afirmar que la ausencia de comida para unicornios en las tiendas de mascotas es prueba de la naturaleza esquiva de dichas criaturas).
Sin embargo, el problema seguía presente. Una adherencia absoluta al mensaje iconográfico del tarot de Marsella reduce los juegos analógicos que pueden jugarse con las cartas. La solución a este conflicto nos fue dada en el concepto de anagrama. Si tomamos la serie de triunfos, en su orden original, como nuestra oración ‘fuente’, notaremos que al recombinar dicha oración, o partes de ella, obtenemos nuevos anagramas de la oración fuente, y cada uno revela nuevos mensajes y significados. Creemos que esta es una noción importante.
Junto con la homofonía y la etimología, recombinar y revertir palabras nos permite descubrir lo que estas ocultan. Los mismos principios pueden aplicarse al tarot de Marsella. Después de todo, esas herramientas constituyen los gestos fundamentales de la largue des ouseaux. Proponemos que la importancia de esos juegos de palabras dentro de la tradición del tarot de Marsella ha sido injustamente ignorada. Los franceses juegan con los detalles de las cartas del mismo modo en que juegan con las palabras. La tradición del tarot de Marsella es producto de la relación única que los franceses tienen con su lenguaje. ¡Este es un hallazgo extraordinario! Como forasteros, no podemos sino maravillarnos ante el hecho inexplicable de que la mayoría de los autores franceses prefieran dar esta conexión por descontado para dedicarse a investigaciones mas arcanas. ¡No solo la lengua francesa se presta maravillosamente para los juegos de palabras, sino que a los franceses les encanta jugar con su lengua.
Al analizar la obra de Brisset (Sept propos sur le septième ange, Paris, 1970), Michel Foucault ofrece una metáfora extraordinaria: “los chances de que un dado caiga siete veces en el mismo numero son extremadamente raros”. Brisset nos ha enseñado que la misma palabra puede significar siete cosas distintas. La implicación de concebir a las imágenes del tarot como dados que no necesariamente han de caer siempre del mismo lado es extraordinaria, en tanto que nos permite convertir cada lectura de una imagen en su propia excepción. (También nos permite decir “¡Foucault me hizo hacerlo!”)
Para los fenicios, la letra X representaba la demarcación de un punto. Los pozos de agua suelen marcarse en los mapas, y la letra X nos muestra a una zorra bebiendo agua de un pozo, su cabeza reflejada en el espejo del agua. Una zorra sólo se anima a beber si se siente a salvo. Para los fenicios, la letra O representaba un ojo, y la letra K representaba las líneas de la palma de la mano. ‘O.K.’ muestra un ojo mirando la palma de una mano vacía, que no oculta nada (por ejemplo, un arma con que cazar zorras) y por lo tanto la zorra sabe que beber agua donde la X marca el punto es O.K. Como es seguro, no solo la zorra, sino toda clase de animales, vendrán desde las cuatro esquinas de la tierra a saciar su sed, tal como lo sugiere la letra X. (X es el numeral romano para el número 10. Ahora sabemos por qué en el tarot la carta numero diez muestra el mayor numero de elementos). Nuestra insistencia en utilizar al alfabeto para ilustrar nuestra comprensión del tarot de Marsella viene del notar como la manera en que usamos el lenguaje refleja en modo en que pensamos. Las palabras son pensamientos desnudos. La inclinación del pueblo francés a reconocer patrones da cuenta tanto de la largue des oiseaux como del tarot de Marsella. Ambos son las dos caras, fonética y visual, de la misma moneda poética. En ‘El castillo de los destinos cruzados’ Italo Calvino nos dice que el As de Oros es una moneda que alguien echó al aire, pero terminó atascada de canto en unos matorrales, ¡ni cara ni sello! Ese es un echar a suertes ‘patafisico.
La lengua francesa tiene una palabra que contienen las cinco vocales, oiseaux (pájaro). La lengua inglesa también tiene una palabra, eunoia (pensamiento bello). La lengua española tiene varias de dichas palabras, empezando por eufonía (bello sonido) y eulogía (Bello hablar). Curiosamente, si aceptamos que las vocales son el alma de las palabras, veremos como eunoia, eufonía y eulogía tienen todas la misma alma. No podemos sino encontrar magia en todas esas coincidencias.
Cuando se trata de homofonía, la lengua inglesa parecería mas cercana a la francesa que nuestra nativa lengua española (aunque hemos logrado resultados extraordinarios murmurando palabras es español en un kazoo). Pero el inglés se asemeja al francés tanto como los movimientos de un bailarín de salón en Wisconsin recuerdan al ritmo de un mulato cubano. La lengua francesa (tanto el músculo como el idioma) permite juegos extraordinarios que no hemos encontrado en ninguno de los otros lenguajes que no entendemos. (Recuérdese que no entender un lenguaje es fundamental para poder apreciar sus formas). Es esa cualidad lúdica extraordinaria la que transformó al tarot de Marsella en una casa de espejos.
La tradición del tarot de Marsella ha transformado las excepciones de su propio lenguaje en un sistema. Para saborear la naturalezas ‘patafisica de este tipo de poesía bastarán dos deliciosos ejemplos. El primero viene de Philippe Camoin. (El método de Camoin para interpretar el tarot nos lanza de lleno en un universo ‘patafisico, comenzando por el hecho de que, aunque Camoin acepta que el tarot de Marsella trae en si mismo las claves de su decodificación, él se asume único dueño de esas claves). Camoin nos da la Ley de los dúos, según la cual “siempre suele haber una relación entre dos cartas“, excepto cuando la Ley de los tríos entra en vigor, en cuyo caso “siempre que hay una relación entre tres cartas, la tercera mostrara una variación”; excepto cuando la Ley de los Cuartetos entra en vigor, en cuyo caso, “siempre que hay una relación entre cuatro cartas, la cuarta mostrara una variación”. Camoin incluso nos da una Regla de la excepciones, la cual básicamente revierte su Ley de semejanza, que reza: “numerosos ejemplos abundan en los que una carta muestra semejanza son otra”. Es decir, las cartas siempre guardan semejanza entre ellas, excepto cuando no hay semejanza.
Nuestro segundo ejemplo proviene de Tchalai Unger. Si el título de su libro: “El Tarot, Una respuesta del futuro” (París, 1985), no es lo suficientemente ’patafísico, tenemos esta perla que habría enorgullecido a Brisset: “Llamar “El Loco” a la carta que lleva el nombre de Mat, es privarse de una fuente de información muy rica, (cuenta las letras que aparecen más a menudo en los nombres, ¿qué palabras forman?) Además es congelar el significado de la carta y suprimir todo el espesor que el inconsciente otorga a los juegos de homofonía. En efecto, el nombre no actúa únicamente en su aspecto visual en cuanto a la ortografía del nombre, sino que también por su sentido y su pronuncianción. El Mat, del árabe mat, muerte, no se dice en el juego del ajedrez más que del Rey, el cual entonces no puede dejar su sitio sin que le cojan. Además el Mat que no tienen número, no tiene sitio, está fuera del orden tangible, y sin embargo, se va. Esta aparente paradoja se ve enriquecida por otros significados varios: la mata es una mezcla de sulfuros de hierro y de cobre; un objeto mate no tienen brillo, del latín mattus; el mástil de una nave es perpendicular al puente, permite enganchar las velas, y por tanto el avance del barco.”
Tanto en el caso de Camoin como en el caso de Unger, la realidad es apenas un punto de partida el cual pronto abandonamos mediante saltos sucesivos. Mientras la longitud de casa salto parece lo suficientemente razonable, el efecto total es consistente con lo que el escritor Pablo López ha definido como “patáfora”, esto es: “una metáfora extendida que crea su propio contexto” o mejor aún “lo que ocurre cuando la cola de una lagartija crece tanto que se cae y le crece una nueva lagartija”.
Por lo tanto, podemos describir a la tradición del tarot de Marsella como una verdadera “ciencia de lo circusntancial”, donde detalles iconográficamente irrelevantes adquieren una importancia fundamental y todo lo que vemos se asume como parte de un esquema mayor, aunque imposible de verificar. Aquí nos encontramos, de nuevo, frente al gesto de Jean-Pierre Brisset, que trazó una teoría universal basada en una fonética intraducible. Tal consistente inconsistencia nos deja un legado de poética ’patafísica en el que zambullirnos. Será entonces difícil aceptar que el tarot de Marsella no necesitó el gesto consciente de sus hacedores para que los franceses encontraran en sus imágenes el mismo juego que encuentran en las palabras, pero no entremos en esos vericuetos. ¡Quizás sea mejor pensar que Noblet, Dodal, Conver y el resto eran también ’patafísicos!
Fuente: analitica






